Un árbol mueve sus hojas en señal de despedida: me dice “chau”.
Ella se va a Alemania porque todo le suena a lata en Estados Unidos.
La lata que sostengo nutre mis dedos,
La acerco a los labios que sienten el sabor del metal.
Y la despedida se vuelve latosa, borrosa….
Me embriago, entonce, para no sentir.
Pero, sentir es lo que me debe embriagar!
Embriagado de sentido me muevo,
Entre los espacios desconocidos, nuevos, nunca explorados.
Si no siento, no creo.
Por eso no bebo—desde mañana…
¿Qué estoy haciendo?
¿Qué estamos haciendo?
La distancia nos clarifica,
Nos diluye.
Nos envuelve.
Nos vuelve.
Mañana se vuelve promesa.
Las promesas son el destino de los honestos.